JEANNE MOREAU RECIBE MAÑANA EL MIKELDI DE HONOR DE LA EDICIÓN 51 DE ZINEBI

La actriz francesa, musa de directores como Louis Malle, François Truffaut, Orson Welles o Luis Buñuel, recibirá el galardón en una gala de clausura presentada por Usun Yoon y Gurutze Beitia.

La ceremonia tendrá lugar el sábado, 28 de noviembre, a las 22:30 horas en el Teatro Arriaga de Bilbao.

Bilbao, 27 de noviembre de 2009. La gran actriz francesa Jeanne Moreau, uno de los rostros y de las voces mundialmente reconocidos del cine y del teatro europeos, recibirá el Mikeldi de Honor de la 51ª edición del Festival en reconocimiento a su trayectoria y a su contribución a la evolución del cine contemporáneo. Moreau puede presumir de una larga e intensa carrera como protagonista en películas de Buñuel, Antonioni, Truffaut, Malle o Fassbinder. Carrera que continúa ahora mismo con una envidiable vitalidad.

Ciclo Homenaje a Jeanne Moreau, la mujer de nuestra vida

Moreau presentará esta tarde en el Auditorio del Museo Guggenheim a las 20.00 horas su última película Plus tard tu comprendras (Amos Gitai, Francia/Alemania/Israel, 2008). Previamente a las 19.30 horas, esta gran dama del cine responderá a las preguntas de los jóvenes cineastas y del público en general que se acerque hasta el auditorio del Museo en una charla-coloquio abierta.

La proyección forma parte del ciclo Jeanne Moreau, la mujer de nuestra vida. Se trata de una retrospectiva, seleccionada por ella misma, de algunas de sus interpretaciones más recientes y menos conocidas y un documental sobre el conjunto de su obra. Le Temps qui reste (François Ozon, Francia, 2005), Château en Suède (Josée Dayan, Bélgica, 2008), y Jeanne M.-Côté cour, côté coeur (Pierre-André Boutanh/Annie Chevallay/Josée Dayan, Francia 2008) son el resto de obras que componen el ciclo.

El documental Jeanne M.-Côté cour, côté Coeur

El documental Jeanne M.-Côté cour, côté Coeur (Francia, 2007/2008) muestra un retrato de la actriz a partir de dos perspectivas complementarias. Por un lado, la de Josée Dayan, que recorre su trayectoria a través de testimonios intimistas de la actriz. Por el otro, la de Pierre-André Boutang, quien rememora los momentos más relevantes de una vida totalmente dedicada al cine.

Jeanne M.-Côté cour, côté Coeur será proyectado mañana, sábado 28 de noviembre, a las 20.00 horas en el auditorio del Museo Guggenheim, como broche al ciclo dedicado a esta fascinante actriz.

Jeanne Moreau: La voz humana (Texto de Santos Zunzunegui)

En una de las secuencias del último film de Pedro Almodóvar, Los abrazos rotos, Mateo, el director de cine invidente, manifiesta su deseo de volver a escuchar la voz de Jeanne Moreau en Ascenseur pour l’échafaud, la película que Louis Malle realizó en 1958 cuando la Nueva Ola aún no había roto contra los diques del cine de papá, dispuesta a inaugurar una nueva manera de pensar la relación entre las imágenes y los sonidos.

Ocurre que lo que en Almodóvar puede verse, además de como un doble homenaje a la actriz y al cineasta, como un elemento que se vincula de manera directa con la ceguera del personaje, tiene resonancias aún más profundas. Porque una de las dimensiones que han conferido una personalidad singular a todas y cada una de las encarnaciones cinematográficas de Jeanne Moreau, tiene que ver, de forma directa, con lo que Roland Barthes denominó el grano de la voz.

Porque existen actores cuya imagen queda definitivamente impresa en nuestra memoria a través de la manera en la que son capaces de hacer suyo cualquier personaje. Pero hay otros que, sin renunciar a lo anterior, ponen por delante, en su relación con los espectadores, una capacidad de empatía que convierte su presencia menos en una vertiginosa sustitución de máscaras que en la instauración de un contrato de confianza sustentado sobre la idea del reencuentro, reactivado una y otra vez, con un cuerpo cuya mera presencia se convierte en el pretexto para la eufórica renovación del contrato de comunicación teatral o cinematográfica. Quedaría, finalmente, para un grupo reducido de aquéllos, la posibilidad de hacer pasar toda la materialidad de su cuerpo a través de la voz. Una voz que en el caso de Jeanne Moreau, ronca y profunda, parece poner en juego no solamente las cuerdas vocales sino que arrastra consigo, más allá del texto dicho, todo la carga de aquello que está detrás de las palabras, dotándolas de una densidad única.

Qué duda cabe de que esta capacidad de la actriz, que no se limita a su talento para proyectarse en los personajes más diversos, sino que en cada uno de sus gestos, en cada una de las palabras que hace suyas, parece arrastrar consigo el poso de toda una experiencia vital, se encuentra tras la fascinación que Jeanne Moreau ha ejercido tanto sobre cineastas (de Louis Malle a François Truffaut, de Orson Welles a Joseph Losey, de Luis Buñuel a Margueritte Duras, de Michelangelo Antonioni a Elia Kazan) como sobre directores teatrales (citemos, solamente, su memorable puta vieja de La Celestina en la puesta en escena de Antoine Vitez en el Festival de Avignon de 1989).

Es esta capacidad única, sólo al alcance de algunos privilegiados, la que la ha permitido mantener en el transcurso de una carrera que se despliega a lo largo de seis décadas una

relación ejemplar con su público. Por eso vienen como anillo al dedo para definir esta relación los versos de la inolvidable canción Le tourbillon, que Jeanne Moreau cantaba en Jules et Jim (François Truffaut, 1963):

On s’est connus, on s’est recconnus,
On s’est perdus de vue, on s’est retrouvés
Dans le tourbillon… du cinema.

(Nos hemos conocido, nos hemos reconocido,
nos hemos perdido de vista, nos hemos reencontrado
en el torbellino…del cine)

Egilea - Autor

Proyeccion

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